O’Barry: el hombre que entrenó a Flipper vuelve con documental sobre matanza de delfines

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Océanos de sangre retrata la salvaje matanza de delfines en Taiji, Japón, donde año a año unos 20.000 ejemplares son cazados 

El 22 de abril de 1970, Richard O’Barry literalmente vio morir en sus brazos a Cathy, uno de los cinco delfines que entrenaba en el Miami Seaquarium para protagonizar la serie de televisión Flipper. El animal, que llevaba semanas deprimido, se posó un momento en sus brazos, inhaló aire y no quiso volver a hacerlo. Según el adiestrador, se dejó morir.

 

El episodio marcó a tal punto a O’ Barry, que de entrenador de delfines en cautiverio pasó a ser un reconocido activista para «desentrenarlos» y regresarlos al mar. En esa lucha, en 2009 arribó a Taiji, un pequeño poblado japonés donde año a año se produce la caza de 20.000 delfines, para ser enviados a acuarios o para consumo humano.

Para denunciar la práctica, O’Barry filmó The Cove, aclamado documental con el que en 2010 levantó un Oscar, y mejor aún para su propósito, desató una avalancha de críticas al gobierno nipón, que se comprometió a buscar soluciones.

Pero O’Barry regresó al lugar y con horror constató la pasividad de las autoridades japonesas, por lo que volvió a apuntar su cámara, y con la ayuda de Lincoln, su hijo cineasta, produjo una secuela de su primer filme, Océanos de sangre, que se estrenó la semana pasada en Chile (Animal Planet).

La cinta revela cómo la práctica continúa en Taiji, pese a que las autoridades locales se comprometieron a regular la caza tras el escándalo de The Cove. «Esperábamos que los japoneses tomaran conciencia de esta cacería. El problema es que muy poca gente ha visto The Cove en Japón, porque el gobierno ha puesto trabas en su difusión. Estoy muy decepcionado por eso. La gente tiene el derecho a saber», reclama O’Barry a La Tercera.

Japón tiene 50 delfinarios, pese a ser un país pequeño, añade, «pero si la gente ve The Cove u Océanos de Sangre, lo pensará dos veces antes de comprar un ticket para un delfinario», dice

De entrenador a activista

O’Barry ya suma 38 años como activista (después de 10 años como adiestrador) y desde entonces ha escrito libros, ha dado charlas alrededor del mundo y fundó el proyecto Delfin, diseñado para educar y promover el cierre de los delfinarios en el planeta. En esta cruzada ya rescató y liberó a más de 25 delfines en cautividad en Haití, Guatemala, Nicaragua, Brasil, Bahamas y EE.UU.

O’Barry sabe que su lucha es compleja, pero siente que hoy tiene un nuevo aliado: la imagen. El activista dice que se dio cuenta de que la televisión y el cine le permiten llegar a una mayor cantidad de gente, por eso se asoció con su hijo Lincoln para rodar esta nueva serie, donde también relata la caza de delfines en Islas Salomón, en el Pacífico Sur, donde su legalidad ha desatado una especie de fiebre del oro entre los indígenas de la zona.

La miniserie muestra la brutal matanza y todo el trabajo que queda por delante para detener esta práctica. «Lo más importante que puedo hacer, que mi hijo puede hacer, es mostrarle al mundo con proyectos como Océanos de sangre la manera en la que están siendo tratados los delfines para que podamos tomar medidas al respecto», dice.

Tanto en Islas Salomón como en Taiji, además de usar la carne para consumo humano, los animales son capturados para ser llevados a acuarios.

Tienen autoconciencia

«Los delfines tienen cerebros muy parecidos al de los humanos, de hecho tienen conciencia de sí mismos como nosotros, se miran al espejo y saben lo que están mirando. No creo que un show de delfines tenga algún tipo de valor educacional. De hecho, si lo piensas, estás presenciando un espectáculo de dominación», alega.

No se equivoca. En 2010, una serie de estudios concluyó que los delfines eran los animales más inteligentes tras el hombre, revelando que su cerebro es más grande y complejo que el de primates como los chimpancés, lo que les permitiría establecer relaciones sociales, transferir conocimientos y tener autoconciencia, una facultad que hasta ahora se creía era exclusiva del hombre. Incluso, algunos expertos plantean que los delfines debieran ser tratados como personas. O’Barry es uno de ellos.

 

Fuente: La tercera.

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