Exitosos resultados arroja proyecto que fomenta cultivo de choritos en áreas de manejo

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Recurso ofrece excelentes condiciones para su incorporación como una nueva especie de cultivo para la región y una serie de ventajas comparativas para su desarrollo (Mundo Acuícola-UdeC).


La confirmación de una abundante presencia del choro araucano o mejillón (Mytillus galloprovincialis) en las costas locales es uno de los principales resultados a los que llegó el proyecto Innova-Corfo Fomento de la mitilicultura en áreas de manejo de la Región del Bío Bío, desarrollado entre diciembre de 2010 y agosto de este año.

El investigador Eduardo Tarifeño ha sido el conductor de esta iniciativa, a través de la cual se comprobó que, además de su disponibilidad, este recurso ofrece excelentes condiciones para su incorporación como una nueva especie de cultivo para la región y una serie de ventajas comparativas para su desarrollo.

Los resultados indican que a partir de la siembra de semillas de dos centímetros es posible obtener la talla comercial (5 a 6 centímetros) en el lapso de 6 meses, la mitad del tiempo que toma en los cultivos de chorito en Chiloé, cuenta el académico, quien señala, por otro lado, que los rendimientos están en torno al 25%.

Esto quiere decir –explica- que de 100 kilos crudos -peso que incluye valvas, agua, etc.- se obtienen 25 kilos de carne cocida para el consumo y, de acuerdo a las pruebas de procesamiento en planta –se produjeron choritos en conserva- realizadas en Pesquera Tubul (socia del proyecto), este mejillón cumple plenamente con los requisitos para su uso como materia prima.

El objetivo del proyecto fue evaluar la factibilidad biológica, técnica y económica para el desarrollo de cultivo de mitílidos (choros/choritos) como una alternativa productiva para áreas de manejo de recursos bentónicos afectadas por el maremoto de febrero 2010.

Tres fueron las caletas participantes en el proyecto (Punta Lavapié, Larquete y Candelaria-Cantera), las que fueron seleccionadas considerando su nivel de organización, la disponibilidad de mitílidos y condiciones oceanográficas. En cada una de ellas se establecieron diversos sistemas experimentales (cuelgas) para el crecimiento de las semillas, los dispositivos para su anclaje y colectores de semillas.

A través del proyecto se diseñó e implementó un hatchery modular (semillero) para la producción controlada de semillas de mitílidos, destinado a complementar el suministro de semillas del ambiente natural. El hatchery –que se instaló en Pesquera Tubul- está constituido por dos módulos: uno para la producción de alimentos (microalgas) para los reproductores y larvas, y otro para el cultivo de las larvas hasta alcanzar la talla de semilla (2 cms.).

Todos estos resultados demuestran que existe factibilidad biológica y técnica para el cultivo del choro araucano; sin embargo –dice el doctor Tarifeño- la evaluación económica no pudo realizarse en su totalidad debido a problemas administrativos, que entorpecieron la posibilidad de escalar la producción. Esto, explica, se debe a que los permisos para realizar los ensayos sólo eran provisorios y para avanzar a una segunda etapa, era necesario contar con otros de carácter permanente.

No obstante, y de acuerdo a lo que se conoce de la mitilicultura, el investigador señala que este cultivo puede constituirse en una actividad económica rentable para los pescadores: una sola línea –que es lo que tienen ahora los pescadores, por efecto del proyecto- puede llegar a producir 10 toneladas. Una mayor producción, indica, depende de la obtención de los permisos para instalar nuevas líneas.

Por otro lado, el profesor Tarifeño cree que el choro araucano puede convertirse en un recurso emblemático y elemento de identidad para la región. De hecho, cuenta que los pescadores de Laraquete ya están pensando en proyectos que vinculen este cultivo al turismo gastronómico, surtiendo de productos a las tradicionales palomitas –los choritos que ellas venden los traen del sur, advierte- y a restoranes locales; oferta gastronómica que –dice- también están analizando en Punta Lavapié.

Los positivos avances de esta investigación tienen sin embargo un punto en contra: la Subsecretaría de Pesca no ha dado reconocimiento oficial a su existencia en las costas chilenas y eso –señala el académico- significa que no es posible realizar actividades relacionadas con su explotación, “porque administrativamente no existe”.

Tarifeño encabezó los estudios destinados a establecer el estatus taxonómico de este molusco, a través de una serie de indagaciones biológicas y genéticas que finalmente confirmaron que se trata de una especie autóctona –y no exótica como se creía hasta hace poco- y que es equivalente al mejillón gallego o mediterráneo que se explota en España, uno de los mayores productores a nivel mundial.

Las conclusiones del proyecto se presentaron este jueves, en un seminario, que se llevó a cabo en el auditorio de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas de la UdeC.

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