Natividad de un héroe

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Natividad de un héroe

                        El 09 de Julio de 1928, en la ciudad de Coronel, nace el Cabo (Mq.) Sr. Leopoldo David Odger Flores;  a quien el destino le tenía reservado el privilegio de inscribirse en la historia de nuestra Armada Nacional, al constituirse en héroe durante el lamentable naufragio del ATF “Janequeo”, acontecido en la Caleta Lliuco, – bahía San Pedro – al sur de Corral.

Nuestro distinguido marino, ingresó el 1º de Junio de 1950 al servicio de la Armada como Grumete, en la Escuela de Máquinas y Electricidad. Al año siguiente, el 26 de Mayo de 1951, contrae matrimonio con doña Emilia Contreras Gárate, con quien tuvieron siete hijos: Erik, Doris, Erika, Emilia, David, Jorge y Leopoldo.

No obstante, un hecho portentoso sellaría el destino de este notable marino, ya que luego de 14 años de meritoria carrera naval y con solo 37 años de edad, daría prueba fehaciente de valentía, arrojo y espíritu humanitario, en la borrascosa Caleta Lliuco; aquel aciago amanecer del domingo 15 de Agosto de 1965, durante el trágico naufragio.

La tormenta huracanada arreciaba y la orden de abandonar la nave tronaba recia en el aire saturado de negros presagios. Vientos de más de 140 kilómetros por hora, silbaban acordes de infortunio; sumados a olas de 20 metros, que dificultaban maniobrar a la nave sin gobierno.

Luego de perder ambas anclas, se precipitó contra la roca “Campanario”, una y otra vez, destrozándose a cada arremetida y aplastando contra ella a quienes la habían abordado como medio de auxilio. A consecuencias, de esta hecatombe, el Cabo Odger, resultó gravemente herido en su rostro, al golpearse contra los mamparos; aun así, logró asirse a las rocas junto a otros tres compañeros y desde ahí nadar rumbo a la playa.

Ya estando a salvo, pese a lo álgido del momento y sin titubear, premunido solo de aletas de hombre rana, se lanzó de nuevo al mar para  socorrer al Cabo Juan Espinoza M., hecho lo cual, fue al rescate del marinero Osvaldo Calderón M., que se encontraba en inminente peligro de sucumbir. Tan pronto lo hubo puesto a salvo,  se percató que otro marino era preso del furibundo oleaje, y pese al cansancio, al dolor de su herida y al frío lacerante que amenazaba con provocar hipotermia, volvió a lanzarse al mar en procura del desamparado náufrago; pero, el rigor de los elementos desatados pudo más que su ya mermada capacidad física, y sucumbió heroicamente en la homérica acción.

La tragedia, en la que perecieron 52 marinos de nuestra Armada, nos enlutó a toda la Nación, colmándonos de tristeza por tan lamentables pérdidas; pero también de merecido orgullo, por los actos heroicos que brotaron espontáneos en el alma generosa de nuestros valientes hombres de mar.

Al año siguiente de la tragedia, (1966) se bautizaron dos patrulleros con los nombres de nuestros “Héroes de la Paz”: Cabo Odger y Marinero Fuentealba; permaneciendo por tres décadas en servicio activo.

Patrullero “Cabo Odger”

                        Nuestra Armada Nacional, otorgó póstumamente la “Medalla al Valor” a estos valerosos marinos, confiriéndoles el grado de Suboficial Mayor. Honorífica cripta, en la Escuela de Grumetes Alejandro Navarrete Cisterna, de la Isla Quiriquina, conservan sus restos mortales; memorial que se venera, porque ejemplarizan el temple y la grandeza del marino chileno.

Ya sereno Neptuno, – Dios del mar – otorga su venia; amainaron los vientos; calma está la mar; pacífico el océano. Nuestro litoral, pese al infortunio, continúa a buen recaudo, porque la Armada Nacional, – custodio infalible – dispone sus mejores hombres para brindar, ¡hasta la vida, si fuese necesario!,  por la seguridad y bienestar de la Patria.

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Honores a nuestros héroes.

==  ARDAUC  ==

CARLOS CUADRA ACUÑA

RR.PP. “Contingente 59”

 

 

Santiago, 08 de Julio de 2014

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