INCENDIO Y NAUFRAGIO DE LA FRAGATA “LAUTARO”

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INCENDIO Y NAUFRAGIO DE LA FRAGATA “LAUTARO”

                            Un grupo de sobresalientes jóvenes que ingresaban recién al servicio de la Armada de Chile pereció heroicamente en el incendio y naufragio de la fragata “Lautaro”, el día 28 de febrero de 1945, mientras el buque cumpliendo   un crucero de instrucción navegaba frente a las costas del Perú, a los nombres de los Guardiamarinas Luis Barahona, Roberto Paul O.R, Mario Ossandon S. y Roberto Ugalde Julio, se agregan los Grumetes Gustavo Parra,  Manuel Arbulú, Luis Avendaño y Luis Campillay, pertenecientes a las promociones egresadas en 1944 de la Escuela Naval “Arturo Prat” y Escuela de Grumetes “Alejandro Navarrete Cisterna”.

 

A esta lista se agrega con honor la personalidad del Segundo Comandante, Capitán de Corbeta Enrique García González, quien se inmoló al pie de la escala de bajada a la escotilla, donde estalló el siniestro instando a los que estaban atrapados en la hoguera a salvarse. Disciplinadamente Jefes, Oficiales, Suboficiales, Marineros y Grumetes acudieron con decisión y arrojo a sus puestos de zafarrancho de incendio para salvar a su buque, pero todos los esfuerzos fueron inútiles. Asfixiados y quemados por el fuego, también ofrendaron sus vidas los tenientes Jorge Navarro Serrano y Rolando Froeden Trevor, Suboficial Belarmino Cárdenas, Cabos Ernesto Langue, Alberto Rojas y Jorge Gallardo, Marineros Luis Márques, Rudiberto Gatica, Alex Cornejo, Rigoberto Tapia y Tomás Bazáes.

 

Mientras el fuego devoraba inexorablemente la estructura del buque, los llamados de auxilio que alcanzó a lanzar la tripulación del navío encontraron eco en toda América, el que se concretó rápido y eficaz al llegar al lugar del siniestro un avión “Catalina” de la Armada norteamericana, que alertó a la tripulación del vapor argentino “Rio Jachal”, que navegando a toda velocidad se dirigió al lugar del suceso y en expedita maniobra salvaba a los agotados sobrevivientes que habían permanecido 32 horas en el agua en constante angustia, extremando sus atenciones a los náufragos, especialmente a los heridos y enfermos graves. Vaya este relato como un homenaje para aquellos esforzados y valientes marinos que inmolaron sus vidas en el cumplimiento del deber haciendo  honor a la tradición naval de Chile.

Manuel Chamorro Moreno

Suboficial (R.)

Santiago ,23 de febrero del año 2015

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