La travesía de Fernando Prats para hacer inédita instalación en la Antártica

Historia
DON WALTER GROHMANN  BORCHERS

En marzo el artista viajó a Isla Elefante, donde revivió la frustrada expedición que en 1914 realizó el pionero irlandés Ernest Shackleton.


DON WALTER GROHMANN  BORCHERS

El anuncio apareció de forma misteriosa en Plaza de Cibeles de Madrid, en 2008, y no dejó a nadie indiferente. “Se buscan hombres para viaje arriesgado, poco sueldo, frío extremo, largos meses de oscuridad total, peligro constante, regreso a salvo dudoso, honor y reconocimiento en caso de éxito”, rezaba el gran letrero en luces de neón instalado en la fachada de Casa América. Llegaron más de 300 postulantes, pero el viaje nunca se realizaría. El anuncio era en realidad obra del artista chileno Fernando Prats (43), quien reprodujo las palabras exactas que en 1911 el explorador irlandés Ernest Shackleton publicó en el diario The Times de Londres para armar su arriesgada expedición al Polo Sur. “Cuando la gente contestó el anuncio me di cuenta de la vigencia que aún tenía. Es la invitación a lo épico, lo utópico, a acceder a un paisaje único e inédito que es la Antártica. Fue entonces que me obsesioné con idea de reproducir el anuncio de Shackleton en el Polo Sur”, cuenta el artista, radicado desde 1990 en Barcelona.

Durante dos años, Prats envió cartas al Ministerio de Defensa para que le permitieran viajar a la Antártica a instalar su obra. No tuvo respuesta. Hasta que a fines de 2010, el Consejo de la Cultura seleccionó al artista como representante oficial de Chile en la Bienal de Venecia, el evento de arte más importante del mundo, que parte el 4 de junio. Fue la oportunidad que Prats esperaba: habló con el ministro Luciano Cruz-Coke sobre su deseo de llevar su obra a la Antártica, a 100 años de la proeza de Shackleton. Esta vez la respuesta fue positiva.

El 16 de marzo se inició la travesía desde Punta Arenas hacia el Polo Sur. A bordo del navío Rompehielos Almirante Viel, el comandante de la Armada Jorge Montenegro guió a la tripulación de 105 personas, comprometidas en llevar sin problemas la obra de Prats, bautizada como Gran Sur, hasta su destino: Isla Elefante, el mismo lugar en el que naufragó la expedición de Shackleton en 1914.

Los riesgos no fueron menores. La misma experiencia del irlandés sirvió como antecedente. El explorador quería cruzar la Antártica. El Endurance, la nave de Shackleton, quedó atrapada en el hielo y toda la tripulación estuvo perdida por un año, hasta que en 1916 el piloto chileno Luis Pardo los rescató en una hazaña histórica.

Para el comandante Montenegro ir a la Antártica siempre es riesgoso. “La operación que realizamos con Prats tuvo un rigor militar. La isla Elefante es inhóspita, un peñón con poco acceso desde el mar, de hecho es la primera vez que nuestro navío llega al lugar. Las condiciones climáticas de viento y mar son severas, hay inmensas olas, el viento arrastra neblinas que dejan varado”, cuenta.

Con este panorama claro, la Armada ejecutó un calculado plan de acción. Por tres días la nave viajó por canales entre las islas Gilbert y Rey Jorge, y por el mar de Drake hasta llegar a Isla Elefante el 18 de marzo, a las 6.30 horas. “El viaje estuvo tranquilo, de hecho según el comandante ganamos un día de viaje, pero cuando llegamos un manto de neblina cubría todo. No había visibilidad, el plan estuvo a punto de fallar”, cuenta Prats. El comandante permitió que el artista subiera al helicóptero y sondeara el lugar. “Por 20 minutos pensamos que estaba todo perdido, hasta que el cielo se abrió, la isla apareció repleta de pingüinos. Fue algo mágico”.

Dos helicópteros operaron simultáneamente para trasladar las cajas que contenían las luces de neón rojo y los generadores que forman el anuncio de 16 metros de largo. En total fueron 19 viajes de 20 minutos cada uno. El plan contemplaba 10 horas de trabajo para instalar y registrar en video la acción de Prats. El término estaba fijado para las 18.30 horas; concluyeron 15 minutos antes.

“El hilo conductor del proyecto era justamente volver al espíritu épico del chileno en condiciones extremas y, aunque todo resultó bien, la obra completa estuvo tensionada por la inclemencia del clima. Lograr reproducir esa tensión, esa energía del viaje, era el objetivo del proyecto. La obra de arte no abarca sólo instalar unas luces de neón; la logística del viaje era esencial”, dice el artista. “Me obsesiona la energía de la Antártica, ese territorio único donde desaparecen todos los referentes culturales, políticos. Vivir esa experiencia te transforma y para mí el arte debe reflejar esa posición extrema y transformar a las personas”, agrega.

Luego de dejar Isla Elefante, Prats se dirigió a la base Antártica Arturo Prat, donde tuvo cuatro días para instalar la obra y grabarla otra vez en video. El resultado se mostrará en la Bienal de Venecia junto al mismo anuncio que decorará la entrada del pabellón chileno en la zona Arsenales, además de otras obras del artista sobre Chaitén y el terremoto del 27 de febrero (ver recuadro).

“Mi idea del arte es desplazarlo hacia nuevos lenguajes. El anuncio de Shackleton funciona para mí como manifiesto artístico, donde el artista trabaja por encontrar lo inédito, el límite”, concluye.

Fuente: La Tercera

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