Antofagasta despierta…, estremecida

Historia

Ciertamente, todos los medios de comunicaciones – perturbados -, cubrían las noticias de aquel infausto día domingo 15 de Agosto de 1965. Con tristeza se anunciaba la muerte de 52 marinos y la pérdida de dos naves de nuestra Armada Nacional; como consecuencia del varamiento del “Leucotón” y el naufragio de la “Janequeo”, en la Caleta Lliuco; durante el brutal temporal huracanado que asolaba el litoral.


Este jueves 10 de Enero, al cumplir la edad de 73 años y, a casi 48 años de aquel épico acontecimiento, el Marinero ® Sr. Armando Valenzuela Morales, sobreviviente del naufragio, recuerda emocionado…

– Al estruendo ensordecedor del choque feroz, despertó sobresaltado; el caos absoluto y la fuerza imponente de los elementos zarandeaban la nave como una cáscara de nuez, entre el embravecido y truculento oleaje.
Su cuerpo, dando tumbos de mamparo en mamparo, semejaba un juguete desarticulado y sin gobierno, al momento que la nave se estrellaba indefensa contra la fatídica Roca Campanario. Prontamente, tras ponerse un salvavidas, se despojó de sus zapatos y se lanzó al mar; desafortunadamente cayó sobre una roca, resultando con un brazo quebrado. No obstante, había que luchar por su vida. Una ola lo zambulló por unos interminables segundos, pero logró salir a flote y, – así herido – sorteando las rocas de los arrecifes circundantes, se aproximó a la orilla, en donde los valerosos y esforzados lugareños, a riesgo de sus propias vidas, lograron ponerlo a salvo de entre las peligrosas rompientes.

– Don Armando, recuerda agradecido a los heroicos habitantes de la Caleta, – mayoritariamente son de origen Huilliche (gente del sur) -, quienes no trepidaron en poner de manifiesto su proverbial coraje y humanismo. Procedieron al rescate de los náufragos ingresando a la álgida marejada, utilizando lazos y largas varas. Seguidamente, encendieron fogatas y, a los que lograban rescatar de las gélidas aguas, procediendo a prestar los primeros auxilios; les facilitaron ropas secas, mates calientes, etc. En tanto, con desconsuelo, veían como varios de ellos sucumbían irremisiblemente.
– ¡Antofagasta no dormía…! Estaba estremecida por esta tragedia; llora con angustia a dos de sus hijos náuticos fallecidos: El Cabo (Art) Sergio Rodríguez Yébenes y el Mr. (Mq) Arturo Valdivia Valdivia (QEPD), llenando de tristeza y dolor a esa benemérita ciudad nortina. Sin embargo, otros cuatro de sus hijos, a fuerza de tesón y coraje, lograron sobrevivir: los Sargentos señores Hugo López A., y Eleuterio Lobos V., el Cabo (Art) Sr. Luis Vargas G. y el Marinero (Mr) Sr. Armando Valenzuela M.,

– La Caleta está silente…, en tanto, las olas de la marea alta, cabrilleando se acercan a lamer los restos oxidados del “Leucotón”, que se está consumiendo atollado en la arena; pero aún permanece, como un recordatorio póstumo al esfuerzo y heroísmo de los tripulantes de la “Janequeo”; negándose rotundamente al olvido.
– En tanto, en la playa de la Caleta, bajo un cielo poblado de rutilantes estrellas, la mirada cautivada del marino se posa en las inmediaciones de la Roca Campanario; le parece percibir qué: entre el vuelo suspendido de la gaviota noctámbula y la cabriola veloz del delfín reidor; surcando nieblas furtivas, surge el “Caleuche”, entre fantasmagóricas luces, con sus velas desplegadas y henchidas por el viento norte; dicen que decidió alejarse de la isla grande de Chiloé para reclutar tripulantes, luego de saber que en Caleta Lliuco, esperaban embarque unos valientes navegantes, para emprender el eterno viaje en busca de su propia divinidad.

“… lejos te esperan mil dichas, que no podrás olvidar.”

Santiago, Enero de 2013

== ARDAUC ==

CARLOS R. CUADRA ACUÑA
RR.PP. “Contingente 59”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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