Caleta Lliuco; sede del heroísmo

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Caleta Lliuco; sede del heroísmo

 

            Caleta Lliuco, – en bahía San Pedro – se viste de tristeza y desolación. La tripulación del varado Patrullero “Leucotón” y algunos osados sobrevivientes del ATF”Janequeo”, que a duras penas logran llegar nadando a la playa, contemplan desconsolados la hecatombe; bañados en salobres lagrimas que se confunden con las atomizadas olas que impregnan la dantesca escena.

            En los curtidos rostros de sus habitantes, – mayoritariamente de origen Huilliches – han quedado impresas las macabras imágenes del trágico naufragio, como surcos en un antiguo disco de vinilo.

            Los primeros días de Agosto de  1965, nuestro extenso litoral era azotado por huracanado temporal, causando graves estragos; a tal punto que el Arzobispado del puerto de Valparaíso, a través de Monseñor Emilio Tagle C.,  dispuso que en las misas se agregara la oración “Pro Re Gravi”; la que solo se oficiaba en grandes catástrofes, y consistía en una súplica al cielo para calmar la furia de los elementos: detener la lluvia, el viento,  y alejar los negros presagios que envolvían el ambiente.  

            Neptuno, luego de la cólera incontenible, ya calmo y sereno, con su prodigioso tridente pulsó las bramosas olas y calmose la mar; amainaron los vientos y las aves surcaron un cielo saturado de oraciones y sollozos. El hombre llora…, sí, llora la pérdida de 52 valerosos marinos de nuestra Armada Nacional.

            Elocuente misterio encubre el triste infortunio; la nave siniestrada lleva el nombre de la indómita “Lonko Janequeo”; aquella que otrora, con  arrojo y valentía defendió las tierras mapuches sin temor al invasor; empeñando la vida por amor a su noble pueblo guerrero y sus convicciones; al punto de ser bautizada meritoriamente como “La Juana de Arco” de la Araucanía.

            En tanto, en el farellón, la roca “Campanario”, permanece impávida, como una fría lápida custodiando el lugar, en cuyo fondo yace la nave destrozada con su tripulación fenecida.

Sin embargo, de entre aquellos valientes, emergen dos figuras marineras de excepción, que se yerguen imponentes: el cabo Leopoldo Odger Flores y el Marinero Mario Fuentealba Recabarren; quienes a fuerza de coraje se erigieron en los “Héroes de la Paz”, sucumbiendo valerosamente en medio del huracanado temporal, entregados a la humanitaria misión de salvar las vidas de sus camaradas de armas.

             Cabe señalar asimismo, la honrosa muerte del Jefe de la partida de salvataje, CF. Sr. Claudio Hemmerdinger L., el Comandante de la “Janequeo”, CC. Sr. Marcelo Léniz B., y el Mr. (Rt) Rigoberto Mena, quienes permanecieron valientemente en el puente de mando, sin abandonar la nave, hasta consumarse la tragedia.

 

            Especial mención al valeroso Cabo Luis Vargas Garrido, quien durante el naufragio, pese a sus graves heridas y múltiples fracturas, luchó con tesón, hasta vencer los siniestros embates del mar, llegando moribundo a la playa para ser asistido y así salvar con vida. Falleció recientemente el 14 de Septiembre de 2013.  

            Al Mr. Williams Godoy Armijo, quien,  encontrándose aferrado a una de las rocas de los arrecifes contiguos a la Roca Campanario, intentó salvar la vida de uno de sus compañeros que se debatía exánime entre las olas, sin embargo, una inmensa ola los arrolló, sumergiendo a ambos en las profundidades.

Al Mr. (Mq) Juan E. Zamorano, de guardia en las máquinas, quien dio la voz de alerta al escuchar al cabo panadero Antonio Iturra, anunciando que se había perdido el ancla, quedando a merced de furibundo temporal. 

Al Sargento Enfermero Carlos Vergara Vea, quien logró llegar a la playa y ayudado por los lugareños se arrimó a una de las fogatas, calcinándose la planta de los pies, debido a la insensibilidad causada por el intenso frío. Fue testigo del marinero que salió del mar y dirigiendose a la fogata, cayó muerto sobre el fuego.

            Así como ellos, muchos fueron protagonistas en la trágica vorágine a que los enfrentó el destino; el cabo Juan Espinoza, el cabo Cornelio Andrade, el  Mr. Osvaldo Calderón, el Mr. Luis Godines Muñoz, el Mr. Armando Valenzuela, etc., y tantos otros que conformaron la lista de valerosos sobrevivientes; de los cuáles algunos ya han partido, a reunirse con los héroes y mártires que los antecedieron.

            Agosto 15, día de la Ascensión de la Virgen; mismo día que nuestros mártires y héroes ascendieron a la presencia del Padre, a prosternarse sumisos, luego de realizar la misión de amor encomendada:

“Nadie tiene mayor amor que éste: que alguien entregue su alma a favor de sus amigos 

            No es casualidad, – sino causalidad – que nuestro héroe Mr. (Mr) Mario Fuentealba Recabarren, naciera en la Provincia de Concepción, el día de la Inmaculada Concepción; el 08 de diciembre de 1943.

De tal forma, delimitada  su existencia entre tan trascendentales fechas y lugar, constituyó un indiscutible vaticinio, revelador del conmovedor y sublime acto de valentía, de entrega y amor que nos legó.         

           El hombre ya no llora, sino, contempla con orgullo la proeza que refrenda el altruismo de nuestros hombres de mar, sumados a su gran amor a nuestra bandera; entonces, se complace en homenajear a aquellos que otorgaron su vida en el fiel cumplimiento de servicio a la Patria.

            Para todos ellos, nuestros agradecimientos, admiración y respeto.

             

 

 

==  ARDAUC  ==

 

CARLOS CUADRA ACUÑA

RR.PP. “Contingente 59”

 

 

Santiago, Agosto de 2014

 

 

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