Homenaje al Marinero Fuentealba por la Generación 1959 de la Escuela de Grumetes

Instituciones

La perspicacia de mi esencia marinera hizo que reaccionara alerta…, creí escuchar el pito marinero, dando un recio toque de atención…
Es claro, comenzaba el mes de Agosto, e ineludiblemente – con ello -, el inicio de los preparativos de la ceremonia conmemorativa de 47º aniversario del trágico hundimiento de la escampavía “Janequeo” y, como consecuencia, la épica hazaña de nuestros “Héroes de la Paz”, acaecida aquel infausto domingo 15 de Agosto de 1965.


La cofradía “Contingente 59” y el Centro Naval “La Esmeralda”, como se ha hecho habitual, les homenajearían una vez más, por tan homérico acto.
Como olvidar a nuestro contingente el Mr. Sr. Mario Fuentealba R., constituido en héroe, – por segunda vez – al enfrentar con arrojo la furia del mar, para ir en rescate de sus compañeros; demostrando su valentía y sentido de humanidad.

 Obtuvo “Medalla al Valor”, la primera vez el año 1961, con tan solo 18 años de edad, para luego, en 1965, ir por la conquista de la Roseta, consistente en una “Estrella de Oro”, a sus escasos 21 años. Es rotundamente cierto que pertenecía a una selecta estirpe de hombres, cuyas proezas se veneran y sirven de ejemplo a las generaciones venideras y, lógico es también, que perteneciera a la gloriosa Armada de Chile, forjadora de héroes.

 Admirable fue asimismo, la acción heroica del Cabo Leopoldo Odger F., quien – del mismo modo -, ofrendó valientemente su vida en holocausto, en beneficio de sus camaradas, demostrando su sentido humanitario y, además, un virtuoso sentido del deber, característico de nuestros hombres de mar; aún cuándo, en su hogar, le estarían esperando su esposa con sus siete hijos.

Cabe señalar asimismo, la honrosa muerte a bordo del CF. Sr. Claudio Hemmerdinger L., Jefe de la partida de salvataje, y el Comandante de la “Janequeo”, el CC. Sr. Marcelo Léniz B., quienes permanecieron valientemente al mando de la nave, hasta consumarse la tragedia.
Es de justicia mencionar también, al Mr. Williams Godoy Armijo, quien, encontrándose aferrado a una de las rocas de los arrecifes, contiguos a la Roca Campanario, intentó salvar la vida de uno de sus compañeros que se debatía exánime entre las olas, sin embargo, una inmensa ola los arrolló, sumergiendo a ambos en las profundidades.

Cabe referirse además, – con bastante énfasis – a los sobrevivientes de esta tragedia, que debieron luchar denodadamente contra el peligro de morir masacrados por los embates de la nave siniestrada contra la Roca Campanario, como así también de las inmensas, furibundas y gélidas olas que dificultaban de manera descomunal, los intentos de salvación.
Cómo no mencionar al abnegado Cabo Luis Vargas Garrido; quien, pese a sus graves heridas y múltiples fracturas, luchó con tesón, hasta vencer los siniestros embates del mar, llegando moribundo a la playa para ser asistido y así salvar con vida.

                         Así como él, otros muchos participaron en la trágica vorágine a que los enfrentó el destino; debemos mencionar al cabo Juan Espinoza, al cabo Cornelio Andrade, al Mr. Osvaldo Calderón, al Mr. Armando Valenzuela, etc., y tantos otros que conformaron la lista de valerosos sobrevivientes; de los cuáles algunos ya han partido, a reunirse con los que los antecedieron.

                         Hoy yacen los restos mortales de nuestros héroes, en la Escuela de Grumetes, – Isla Quiriquina – en una cripta memorial que recuerda a las futuras generaciones de marinos de nuestra Armada Nacional, la grandiosa hazaña de estos valientes hombres de mar, que con creces demostraron la fibra de que están hechos nuestros marinos, que egresan de sus aulas.

Finalmente, para todos aquellos, quienes han prestigiado nuestra Armada, y la Patria, reciban este sencillo y merecido homenaje.

Deja un comentario